Descubriendo la verdad tras Boo.com
Este es el primero de una serie
de artículos o 'casos de estudio', como queráis llamarlo, sobre
empresas y estrategias. El primero lo dedico a Boo.com. Muchos
no sabréis qué web es, pero hubo un tiempo en que sólo se hablaba
de ella.
La caída de Boo.com
fue la señal de alerta para los inversores en Internet. Todos
a una gritaron ¡sálvese quién pueda! y huyeron con lo que pudieron
rescatar del desastre.
En Boo.com se gastaron 137 millones de dólares en menos de un
año, la mayor startup europea y sus fundadores Ernst Malmsten
y la ex modelo sueca Kajsa Leander, desaparecidos del mapa (más
o menos)

Durante años, los años que supusieron el colapso de las .com de
la primera época comercial de internet, todos parecían conocer
las causas, y esa causa era: utilizar una interfaz diferente a
lo que eran los modelos de la época, yahoo y amazon.com.
Entender lo que pasó es fundamental para saber qué es y qué no
es lo que debe hacerse con una tienda on-line, auqnue si bien
hoy, los tiempos son algo distintos.
Yo creo que Boo.com quebró por otros motivos distintos a los que
todos (o algunos) hemos oído y leído.
El principal? Que no fue creado para vender productos, sino para
vender acciones. Para salir a bolsa.
Boo.com era una maravilla en cuanto a diseño web y a concepto
de negocio on-line: todo en su web era hermoso. Una marca con
un nombre conceptual pero extraordinariamente estimulante, conceptos
de marketing como el de Miss Boo, una asesora dispuesta a responder
a nuestras preguntas y a guiarnos por la tienda.
Aún recuerdo las fabulosas animaciones en flash que permitían
rotar y hacer zoom todas las prendas, los relojes, las zapatillas...
Pero empecemos por el principio:
¿Qué vendía
Boo.com?
Boo.com quería posicionarse como líder en el mercado de Street
Wear. Para que lo entendamos mejor: moda rollo londres, marcas
cool, con diseño potente y especial, para chicos y chicas urbanos.
Polos de Fred Perry, relojes Spoon, zapatillas Vans, las Puma
firmadas por Jil Sander...

No era ninguna estupidez: es una tendencia de moda que arrancaba
por aquella época (esos contrastes que tiene la moda, que en mitad
de lo hipertecnológico llega una corriente neoretro). La estrategia
era tan buena que Puma ha renacido (escribiré sobre este caso)
gracias a este tipo de moda retro con detalles tecnológicos, con
diseño y concepto de estilo. Y Adidas o Asics (Tiger) igual de
lo mismo. Una corriente de moda que era tendencia mundial y que
cuyas marcas aún siguen siendo líderes en ese segmento. Bien,
esa era la línea de posicionamiento de Boo.com. Pero además, con
muchísimo estilo.
Para que nos hagamos una idea: digamos que era como la revista
Neo2 o Vanidad. Moda, tendencias, estilo, joven, hiperlujo, custom
made, vintage... esas revistas nacían por la época y hoy están
consolidadas. Como ya lo estaban otras referencias como I+D, rollo
Dazed & Confused... para seguir con las revistas...
Y además, estos chicos no querían hacerlo de cualquier manera:
contrataron a algunos de los mejores diseñadores del mundo, crearon
sedes en las ciudades más cosmopolitas para editar una revista
on-line de tendencias... fue un momento mágico

LOS PRINCIPIOS
Los fundadores no eran dos personas cualquiera. Suecia era en
aquel momento el país con mayor penetración de internet (con banda
ancha) del mundo, con empresas del prestigio de Icon Media Lab
empresa de diseño web que llegó a tener más de diez oficinas en
todo el mundo. Ernst Malmsten había creado ya una librería on-line
(que posteriormente fue bol.com) con gran éxito en su país (digamos
que el sueco no era uno de los idiomas que uno podía encontrar
en Amazon) y estaba con su novia y un amigo común, todos suecos.
Entre sus inversores estaba el multimillonario Bernard Arnault,
visionario del valor de los intangibles y comprador de Dior cuando
estaba en quiebra (y costaba más bien poco), pero especialmente
responsable de su relanzamiento y de la construcción del grupo
LVMH. Su empresa de capital riesgo había invertido en empresas
mucho menos creativas, dedicadas por ejemplo al acceso a Internet
en Francia. Fue el catalizador de los demás inversores. También
estaba metido Luciano Benetton, además de bancos y fondos de inversión
saudíes.
boo.com era la oportunidad de vender a través de un sitio especializado
productos de marcas de moda de tendencias. La mayor startup europea.
Pero aquí es cuando podemos distraernos: ¿ese era el objetivo,
vender?
No.
Cualquiera, simples mortales, lo habríamos creído. De no ser por
los pelotazos dados por Yahoo, (o Terra) y por noticias como "empresa
sube en Nasdaq un 100% el primer día y en su plan de negocios
sólo dice queremos ser el Yahoo de... ' lo que sea". Algo se estaba
cociendo. Las .com estaban sobrevaloradas, pero nadie se atrevía
a decirlo. Bueno, algunas sencillamente no valían nada. ¿Quién
lo sabía en aquel momento?
Las empresas que salían a bolsa, las .com de turno. Ellas lo sabían.
¿Alguien más?
Por supuesto: los fondos de capital riesgo. Su negocio no es 'ayudar
a crear empresas', sino sacar empresas a bolsa,
y ganar lo máximo posible con ello. Punto. Ese es su negocio.
Y lo hicieron francamente bien, consiguiendo mantener la credibilidad
de forma auténticamente milagrosa, teniendo en cuenta el tipo
de empresas que tenían entre sus manos.
¿Algún otro?
Claro!: Merril Lynch. El principal banco de inversiones responsable
de la salida a bolsa de la gran mayoría de empresas.com del momento.
Sólo una voz independiente se alzaba en contra: era la revista
Red Herring, editada en Silicon Valley, de enorme prestigio y...
muy escasa difusión. Se editaba antes de que naciera Netscape,
y vaticinó certeramente la burbuja tecnológica, a fin de cuentas,
se estaba produciendo desde la ciudad en que escribían... y estaba
alcanzando el último rincón del planeta. Directamente: millones
de personas estaban invirtiendo en acciones que no valían nada
realmente y... parecían no querer saberlo.
Ese era el plan: se creaba cualquier cosa.com, se invertía muchísimo
dinero en publicidad dirigida esencialmente a una cosa: hacer
popular a la empresa. Posteriormente, se vendían las acciones,
se repartían las ganancias, los fundadores iban desinvirtiendo
paulatinamente, y todas las parte ganaban cantidades indecentes
de dinero.
Con suerte, y con las subidas y bajadas, algunos inversores ganaban
dinero. Y al principio se ganaba casi siempre, todo subía, y se
produjo un efecto 'llamada' que alimentó la burbuja.
Pero este fenómeno no podía ser eterno, el lanzamiento de boo.com
se había retrasado casi 6 meses. Y aunque entre los planes de
los promotores (todos) seguro que estaba forrarse con la salida
a bolsa como principal objetivo, digamos que tampoco querían que
la siguiente etapa fuera la desaparición directa de la empresa.
Por ese motivo se invirtió mucho tiempo y dinero en que fuera
una empresa de verdad, con un sistema de logística complejo pero
que debía funcionar. Tal vez para hacer creíble el negocio, ya
que por la época, empezaban a sonar tambores de decepción en los
mercados. No llegaron al común de los mortales, pero sí a los
fondos de inversión y altos ejecutivos dedicados al negocio.
Boo.com arrancó desdiciéndose. Dijeron que nunca harían rebajas,
un claro ejemplo de visión: Amazón nació justamente diciendo que
era el más barato en libros (fuese verdad o no, y con el paso
del tiempo más bien no, o no tanto) y ese modelo de negocio 'soy
el más barato' era la consigna de TODO negocio online dedicado
a vender algo en la época. ¿Qué más daba la viabilidad? Importaba
la cotización!.
(nota)
Y en aquel momento, algunas empresas decían: la bolsa valora en
50.000 pesetas la entrada de cada nuevo cliente, pues bien, voy
a acelerar el proceso regalando 15.000 pesetas a cada nuevo cliente
que se apunte, gano 35.000 por cada uno!. Bien, así hicieron tiendas
de CD's, bancos (como Uno-e, el fallecido Evolve, o Deutsche Bank),
corredores de bosa (e-Cortal), etc etc etc...
(/nota)
Pues Boo.com arrancó diciendo que no haría rebajas.

En aquella época las marcas de moda (especialmente las bien dirigidas,
y las del sector lujo) estaban muy preocupadas, porque parecía
que vender en internet tenía que equivaler a ser más barato que
en el mundo real. Si no, parecía que los compradores no iban a
encontrar motivo para comprar on-line. Y eso les asustaba, y por
eso no querían vender on-line. Bien, Boo.com les prometió que
no competiría ofreciendo precios bajos, sino proximidad comodidad
y una experiencia positiva al consumidor. 'Concentrando la demanda
geográficamente dispersa', una especie de long tail el que se
habla tanto ahora. Pero para cuando Boo.com estuvo lista para
vender, lo estuvo 6 meses tarde. Tarde respecto la campaña de
publicidad, tarde respecto la prensa, tarde respecto sus clientes...
un desastre: demasiada emoción contenida, que se transformaba
peligrosamente en decepción. Y lo que es peor en un mal presentimiento
para lo potenciales inversores: "Eh!, si esa empresa arrancó 6
meses tarde!". Malo para la salida a bolsa, malo para la cotización,
malo para atraer inversores. Así que se realizaron unas fabulosas
rebajas en el lanzamiento: un 40% de rebajas, en todo, nada menos.
Para mantener a las grandes marcas que ofrecían, les dijeron que
serían puntuales 'sólo por el lanzamiento'. Pero esas cosas no
gustan a las grandes marcas (les puede causar problemas, entre
otros, a su canal tradicional). Los decuentos tenían un límite,
y no podían servir para atraer clientes, porque se irían las marcas.
Y sin marcas ¿quién iba a ser boo.com? Nadie.
El proceso de lanzamiento resultó además especialmente penoso:
era terrible visitar la web y comprobar como Miss Boo un día era
morena, y al día siguiente rubia. O que la ventana que era la
tienda (una PopUp de unos 600 x 400 pixels) se abría un dia con
un efecto 'extensión' creciendo desde los 300 x 200 pixels hasta
su tamaño real. ¡Estaban probando cosas! ¡y las estaban probando
on-line! Una auténtica chapuza, porque podrían haberlo hecho con
pretest, analizando la reacción de grupos... y consiguiendo probablemente
mejores conclusiones. O tal vez su objetivo era otro: aparentar
movimiento dadas las fechas de retraso. Pero el problema principal
de Boo.com era que hacía sufrir demasiado a los microprocesadores
y navegadores de la época: en las primeras versiones, si no se
tenía un microprocesador de última época el ordenador tenía muchas
probabilidades de bloquearse. Se supone que se dirigían a público
con alto poder adquisitivo, pero internet llega a todos, y la
fama de 'web que no funciona' empezó a recorrer las revistas y
los foros de internet.
La campaña de publicidad para mi gusto era una catástrofe. En
Relaciones Públicas lo hicieron muy bien, pero los anuncios en
revistas y TV mostraban a chicos blancos horteras (muy horteras)
vestidos muy exagerados con productos de las marcas que ofrecían,
y jugando al baloncesto contra unos chicos negros. Otros anuncios,
de prensa, mostraban a chicos con monopatines, skate, en el suelo,
doloridos del golpe, y con unas de las zapatillas que vendían
en boo.com. Muy flojo, para mi gusto. Pero bueno, el objetivo
era ser conocidos rápidamente en poco tiempo. Y posicionar más
que la marca, el proyecto. (una empresa de éxito con estilo sale
a bolsa, ese era el proyecto).
La experiencia de compra en boo a mí me pareció genial. Fabulosa.
Superaba el miedo de los clientes a no saber su talla o a las
equivocaciones, ofreciéndoles un aún no igualado 'Free delivery
and Free Returns'. Te lo enviaban gratis, y si no te gustaba lo
devolvías también gratis. Una ma-ra-vi-lla. Pero la presión sobre
los aspectos negativos fue demasiado grande. Digamos que dadas
las espectativas, el público y la prensa se decepcionó y condenó
rápidamente a la empresa. ¿Cómo era Amazon cuando arrancó? muy
probablemente no era precisamente perfecta, pero era un 'pionero'
no un grupo con millones de dólares a mansalva como para lanzar
casi cualquier cosa pero no un site que no funcionaba en la mayoría
de ordenadores. La prensa que no criticó otras startup, y alababa
con frecuencia la escasez de medios con que arrancaron, aprovechaban
para atacar a boo.com.
POR QUÉ QUEBRÓ
BOO.COM
Ver los productos era una gozada. Tenía dos versiones, una flash
y otra javascript, pero ambas mágicas. El uso de una pop-up como
base de la tienda en lugar de tooda la pantalla y en lugar del
scroll casi infinito típico de la época (aún hoy amazon es así,
yahoo parece que por fin está evolucionando) era toda una revolución
conceptual en diseño de tiendas on-line, la interacción con los
productos era fabulosa: giraban y aumentaban con sólo pasar el
ratón por encima, pudiendo ver las prendas, las zapatillas y los
relojes perfectamente, desde todos los ángulos, antes de comprarlos,
la revista on-line no llegué a verla, pero tenía redactores por
todo el mundo y su sección en la web tenía muy buena pinta...
Casi nadie trabajaba por aquí con flash... muchos ni tenían el
plug-in... era otra época.
Aquí en España, como en muchos países se sentenció rápido: era
lenta de cargar. En lo que respecta a España, a mí me daba risa.
¿España era parte del target de boo.com? No. Ni en la venta de
productos ni en la salida a bolsa. Aunque creo que sí había versión
en castellano. Ni un anuncio se vio en nuestro país. Por aquí,
los accesos ADSL no llegaban a 10.000 (y lo sé porque yo tenía
uno, disculpadme este momento de vanidad), por lo tanto la banda
ancha no existía. Pero decir que boo.com era lento era como decir
que la videoconferencia jamás iba a funcionar.
(nota)
Por aquella época, una webcam de Logitech costaba entre 5.000
y 10.000 pesetas, pero no porque en España fuera un gadget común,
porque su precio no era el de un producto en lanzamiento para
élites, sino el de un producto para masas. En España no existía
la video conferencia... costaba imaginársela por la época!. Sin
embargo, en Suecia, Inglaterra, EEUU, Noruega, Alemania... era
algo muuucho más común. Pero muchísimo. Por eso esos precios,
aunque aquí apenas hubiera mercado: en el resto del mundo sí lo
había y los precios tampoco podían variar exageradamente en un
país de la UE como España. Es un apunte. ¿La explicación de este
atraso? La situación de las telecomunicaciones en España, con
una Telefónica gritando a los cuatro vientos que la tarifa plana
colapsaría las líneas de todo el país, y ofreciendo unos 'fabulosos'
3 ó 4 Kb/ segundo. Una velocidad miserable. Autentica basura.
¡Claro que Boo.com era lento de cargar!, ¡claro que no se podía
hacer video conferencia! Es que navegar por la red era, además
de heroico, caro, lento y desagradable. Pero el magnetismo de
la red... nos encantaba. Pero eso no significa que nuestra miserable
experiencia fuera equiparable con la de otros países: no es así.
En Inglaterra con un sencillo modem y una conexión de teléfono
se tenía un ancho de banda equivalente al RDSI en España, incluso
más veloz. Cuando nosotros teníamos 24 Kb/ segundo con el ADSL
en inglaterra BT ofrecía 100 Kb/s al equivalente de 6.000 pesetas
(ni que decir tiene que el nivel de vida en Inglaterra puede ser
un 40-60% mayor que en España, luego era proporcionalmente un
equivalente a 2.500 - 4.000 pesetas).
(/nota)
Hay que decir una cosa más: boo.com no era barato, ni quería serlo.
Quería ser moderno, fashion, genial... pero no barato. Las Puma
firmadas por Jil Sander costaban 25.000 pelillas de la época.
Hoy día estamos algo más acostumbrados a ver zapatillas sobre
esos precios, pero en aquel momento eran realmente caras para
el bolsillo del común de los mortales. Eso significaba que Boo.com
no se dirigía a clientes sensibles al precio, sino a clientes
con alto poder adquisitivo (además para tener su catálogo de marcas
no podía competir en precios, como he comentado antes). Y los
clientes de alto poder adquisitivo, en muchísimos países de europa
y en EEUU tenían conexiones de internet de banda ancha de verdad.
Aquí las universidades no tenían líneas T1 o T3 (líneas de muchos
Mb/s) y allí muchas medianas empresas las tenían. Y muchos particulares
tenían líneas T1.
Así pues, Boo.com nunca fue una página lenta de cargar para su
público objetivo: jóvenes de alto poder adquisitivo apasionados
de internet y de la moda. Pero era un target demasiado pequeño
para semejante inversión ¿o no?
POR QUÉ SE
RETIRARON LOS INVERSORES DE CAPITAL RIESGO
Porque se avecinaba el crash. Para salir a bolsa en condiciones
y mantener una cotización elevada durante el tiempo suficiente
para poder ir desinvirtiendo sin levantar suspicacias era necesaria
una inversión mastodóntica, ya que Boo.com no terminaba de funcionar
ni técnica ni logísticamente, no podía hacer rebajas para atraer
masivamente público (que si no estaban forrados y con equipo de
última o casi generación, encontraban problemas para navegar el
site), y las acciones de internet se valoraban por criterios como
'clientes dados de alta' y cosas así. Y dirigidos al segmento
tan concreto de 'jóvenes, apasionados por la moda, de alto poder
adquisitivo', al que se dirigían, no era fácil atraer a miles
de ellos de un día para otro, e insisto, sin poder hacer rebajas
para poder ir a un público de menor poder adquisitivo (y más mayoritario
en número) estaban pillados: era difícil poder presentar unos
resultados mejores de ventas y clientes para la inminenete, instantánea
(y calculada desde la creación del proyecto) OPV, ya que con rebajas
las marcas se marcharían en ese caso (lo cual sería sustancialmente
peor) y sin rebajas, era difícil crecer en clientes rápidamente.
Además, aunque su público objetivo estuviera encantado, la opinión
del resto de los navegantes de internet (algunos de ellos articulistas
de influyentes periódicos económicos o revistas de internet de
la época) era, en función de su experiencia con la navegación,
muy mala. Los periodistas no pueden saber de todo (periodismo,
bolsa, marketing, estrategia, internet...) pero su opinión es
tomada como referencia para mucha gente, muchísima gente. Y si
bien la gran mayoría nunca iban a pensar en comprar nada en boo.com
tal vez si se podían plantear comprar acciones de la empresa.
Y si la página era 'mala' ('lo dicen en todas las revistas, en
todos los periódicos') ¿quién iba a comprar sus acciones?. Nadie.
Las RRPP de boo.com lo hicieron bien, pero no pudieron contra
esa corriente de opinión.
Así las cosas, los inversores se vieron atrapados en un error
producido por la simultaneidad de objetivos diferentes, pero especialmente
por el retraso en el lanzamiento. En aquellos tiempos vertiginosos,
dar el bombazo y salir a bolsa tenía que ser algo rápido, y vender
hasta la última acción debía suceder antes de cumplir el año,
como mucho; 'soy demasiado rico para seguir trabajando' decían
los directivos fundadores, o 'como empresa de capital riesgo nuestro
trabajo es ayudar a crear empresas de éxito, y eso ya está hecho'...
así eran las excusas dadas para salir sin dar muestras del más
mínimo pánico o sin transmitir al mercado la realidad de las cosas:
'nada justifica el valor de nuestra cotización'.
Para atraer a los suficientes clientes a los impulasores de Boo
sólo se les ocurría invertir más en publicidad... y ese era un
remedio aún peor, porque no iba a atraer masivamente a clientes
(era un producto de nicho, muy segmentado en aquel momento, era
pequeño por definición) y se iban a incrementar los dólares invertidos
de forma demasiado 'arriesgada', dadas las escasas probabilidades
de éxito de la cotización en bolsa durante el tiempo necesario.
Y el climax general ya no era el de los principios del boom, y
entre los agentes implicados se olía la tostada...
CÓMO ACABÓ
TODO
Nunca se consiguió un volumen de ventas a la altura de lo necesario
para poder apoyar una salida a bolsa. Los fundadores de Boo.com
se retiraron incluso Ernst
Malmsten escribió un
libro sobre el fracaso de boo.com. Ahora dan conferencias
de vez en cuando.
Cabe decir que Ernst y su novia habían fundado sólo unos años
una librería on-line en suecia, que vendió (y muy bien) a Bertelsman,
luego digamos que no le debe ir mal.
El sector entero frenó las salidas a bolsa: las cotizaciones eran
demasiado altas para resultar creíbles para demasiados ilusos...
y los implicados en el pelotazo vieron en el frenazo de boo.com
el detonante que iba a causar la 'espantá' de los compradores
de acciones, personas como tú y como yo, auténticas víctimas de
este timo alimentado por el honrado deseo de ganar lo máximo trabajando
lo mínimo. Y muy digno que es. Se acabaron los tiempos de aquellos
inversores que se ganaban la vida comprando y vendiendo acciones
en el mismo día, que con una tendencia alcista de fondo tan brutal
ofrecía escasas probabilidad de perder dinero; se acabaron los
tiempos alegres de Merril Lynch (algunos de sus más populares
analistas decían a todos los medios de comunicación lo genial
que iban a ser las acciones de tal o cual empresa que curiosamente,
sacaba M.L a bolsa, mientras que a los clientes premium les decían
que no debían arriesgar su dinero en esa misma empresa porque
era un bluf.... estos analistas han sido llevados a los tribunales
y M.L obligada a pagar a no sé quién una indemnización millonaria
por fraude.
Y LVMH abrió la monótona eLuxury.com para vender sus prendas on-line,
nada comparado con la genial Boo.com.
¿Y boo.com? Se subastó al mejor postor. 1
millón de dólares costó comprar los derechos de la
marca y de su website, que fue rápidamente transformado en una
tienda on-line de moda pero como que de barrio comparada con la
original. Marcas semidesconocidas, otras desconocidas directamente...
y una estética sin estilo alguno, pero con algunos vestigios de
lo que algún día fue el proyecto de comercio electrónico más interesante
de la red.
Boo no cerró porque fuera una mala idea, o una web lenta, o un
producto demasiado exclusivo. Cerró porque era un producto para
un segmento concreto de público, pequeño aunque con gran potencial
(como se ha podido ver tiempo después) y porque se realizó un
lanzamiento de tamaño desmedido respecto los compradores potenciales.
Pero ese lanzamiento desmedido no fue 'otra locura de internet',
sino la herramienta necesaria para vender un proyecto como boo.com
a un público mucho mayor y hambriento: los pequeños y medianos
inversores de todo el mundo. Y su fracaso fue debido, especialmente
a dos motivos más: la incertidumbre causada por el retraso en
su lanzamiento, y la baja tendencia de ventas conseguidas durante
el tiempo que se mantuvo en pie. Natural, pues (insito una vez
más) los compradores potenciales no eran grandes masas...
Eso es todo.
Pero la web... la web se estudiará un día como ejemplo de
cómo llegaron a ser de fabulosas las tiendas on-line...
porque todo el mundo estudia a Amazon como ejemplo de web, y amazon
no ha triunfado por su web (que es un espanto, no hay quien navegue
por ella porque no es usable de ninguna manera, etc etc etc) sino
porque fue el primero en su categoría, venta de libros en internet
a un precio más barato. Y como ya sabemos, ser el primero en la
mente es la clave del éxito. Pero boo.com, insisto y es mi opinión,
era un concepto de tienda on-line genial y muy avanzado a su época.
Por último, un excelente
artículo sobre su historia



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