El Aviador
Esta peli de Leonardo Di Caprio será mejor o peor, gustará más
o menos, pero presenta un dato que debe hacernos pensar: mientras
España era un país pobre de solemnidad o casi, sin carreteras
ni coches, con escasas infraestructuras, y con brutales tasas
de analfabetismo, las empresas de EEUU como Pan Am o TWA se planteaban
ya salir de sus frontras y conquistar las rutas aéreas que enlazaban
con Europa en un esfuerzo económico y tecnológico sin precedentes.
Otra galaxia.
Desde entonces el mundo ha cambiado mucho. Y nosotros, algo más
aún. Pero nos falta esa ambición de lanzarnos a conquistar mercados...
hay que tener en cuenta que muchos hablamos (o algo) inglés...
pero ¿cuántos americanos hablan indio, chino, portugués, alemán,
árabe...? Han sido siempre muy valientes saltando a nuevos países,
nuevos mercados.
La sociedad norteamericana no es un ejemplo precisamente en muchos
casos (asesinatos con arma de fuego, obesidad brutal, pocas probabilidades
de cumplir 18 años si eres negro, no existe seguridad social,
Hiroshima...) pero hay que reconocerles la valentía para salir
a lo desconocido, como un Cristobal Colon que partió a conocer
tierras lejanas sin más garantía que su confianza en él mismo
y en su proyecto.
Son un país construido por gente (como se veía en Gangs of New
York) que eran delincuentes, o que vivían inmersos en una Ley
del Más fuerte hasta bien entradito el siglo XX... pero eso les
ha dado a muchos el carácter emprendedor, el saltar sin miedo
si se ve que razonablemente puede salir bien... y esa forma de
pensar les ha dado un gran triunfo económico.
Al menos durante este pasado siglo.
Digamos, para ser justos, que también tienen una máquina de propaganda
de su estilo de vida inigualable: el cine, los video juegos, los
programas de TV son en todo el mundo, en un % brutal norteamericanos.
De no ser así, tal vez repararíamos en que Japón es otro monstruo
con aún más mérito (se rehizo en unas condiciones realmente dramáticas
y dolorosas). Y que en este próximo siglo, será el siglo de China.
1.000 millones de almas, ningún respeto por la propiedad intelectual
(pueden coger cuanto les guste de las empresas norteamericanas
y copiarlo a complacer) y un país que es medio planeta a punto
de despertar del letargo.



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